Artículo de interés: El analfabetismo
gerencial en el siglo XXI
En función de la definición de la UNESCO de 1958 existen varios tipos de
personas analfabetas Una persona es analfabeta si no sabe leer ni escribir
(nivel básico de analfabetismo), pasando por otros niveles (funcional,
idiomático, informático, existencial). De acuerdo a esos contenidos, un
analfabeto gerencial (funcional) es aquel que conoce los conceptos
administrativos clásicos pero que ya no le sirven para hacer frente a los
nuevos retos que se están sucediendo en el campo empresarial, porque no se ha
preocupado por su propia actualización en el campo gerencial.
El gerente analfabeta, desde su nombramiento, se destaca por una clara
definición de su posición jerárquica, con la cual subyuga a los trabajadores.
Su fuente de poder está dada por una estructura autócrata y los modelos y
métodos empleados por éste ya no son los que lo conducirán de manera efectiva a
conseguir una posición de competitividad. Está satisfecho con los conocimientos
adquiridos y no puede ser creativo, porque los cambios ya lo dejaron sin
ninguna capacidad.
El mundo de los negocios es dinámico, no estático, está sometido a los
efectos de los constantes cambios que se suceden a cada momento. En ese
sentido, el gerente debe actuar en consonancia, no puede permanecer estancado
con lo poco que sabe. No puede estar esperando a convertirse en un analfabeta
funcional, debe superar ese peligro.
El gerente debe ser capaz de enfrentar los desafíos de la nueva economía
que requiere mayores niveles de formación. Se debe tener la capacidad de
estudiar el futuro para comprenderlo y poder influir en él. De ahí que se debe
poseer una visión global, sistémica, dinámica y abierta que explique los
posibles futuros, no sólo por los datos del pasado sino fundamentalmente
teniendo en cuenta las evoluciones futuras de las variables (cuantitativas y
sobretodo cualitativas) así como los comportamientos de los actores implicados,
de manera que se reduzca la incertidumbre, ilumine la acción presente y aporte
mecanismos que conduzcan al futuro aceptable, conveniente o deseado.
En este siglo XXI, la sociedad se encuentra en una nueva etapa de
desarrollo industrial diferente a la del siglo pasado, donde el conocimiento y
la información son el motor de los avances científicos y tecnológicos que
requieren de una base fundamental para la adopción global de dicho orden.
En la década y media que ha transcurrido del siglo XXI, se han disparado
todos los conceptos gerenciales en los cuales se han apoyado, hasta el
presente, los directivos de la mayoría de las empresas. Un entorno competitivo
apoyado por la globalización, está haciendo necesario que las empresas se
sientan obligadas a trabajar bajo modelos gerenciales que busquen dotarlos de
la capacidad de marcar la diferencia y de poner en práctica estrategias que le
garanticen la supervivencia en un mercado donde la intervención y decisión
directa de los clientes promueven la urgencia de establecer en las
organizaciones competencias orientadas al desarrollo de las mejores prácticas.
Esas competencias necesarias pudieran establecer nuevos paradigmas en la
gestión gerencial de los próximo años, y si bien su nombre puede parecer igual
o similar a los que conocemos desde siempre, su contexto ha variado
sustancialmente; es decir que, cada uno de ellos, ha incorporado en su concepto
nuevos alcances y contenidos, por tanto su desarrollo implica una nueva
experiencia que nace de un proceso de actualización que permita la capacidad de
desarrollo de estas competencias al interior de las organizaciones.
La adaptación al cambio y una visión estratégica pasan a ser obligatorias y
prácticamente decisivas, "Hacer lo mismo" o "seguir igual"
son expresiones desterradas de la argumentación empresarial.
Ciertamente, muchas oportunidades para innovar o para desarrollar nuevas
oportunidades de negocio consisten en enfocar los procesos empresariales, la
manera de hacer las cosas, de una forma diferente, diversa de las
convencionales.
Los nuevos esquemas gerenciales son reflejo de la forma cómo la organización
piensa y opera, exigiendo entre otros aspectos: un trabajador con el
conocimiento para desarrollar y alcanzar los objetivos del negocio; un proceso
flexible ante los cambios introducidos por la organización; una estructura
plana, ágil, reducida a la mínima expresión que crea un ambiente de trabajo que
satisfaga a quienes participen en la ejecución de los objetivos
organizacionales; un sistema de recompensa basado en la efectividad del proceso
donde se comparte el éxito y el riesgo; y un equipo de trabajo participativo en
las acciones de la organización.
Pareciera que los directivos de este siglo son similares, en apariencia, a
los de la última década del siglo pasado, pero no iguales. La preparación es
diferente y las formas de trabajo varían. Idiomas, estudios, conocimientos
informáticos y capacidad de comunicación son algunos de los aspectos a tener en
cuenta para un directivo del siglo XXI.
Las habilidades que se han poseído son útiles, pero cada vez se siente la
necesidad de aumentar el arsenal de herramientas gerenciales para ser un
directivo de esta época. El gerente debe ser un estratega, organizador y líder,
pero para poder organizar necesita saber hacia dónde va. El Gerente deberá ser
consciente de que a medida que avanza el tiempo, además de presentársele en el
camino nuevas herramientas útiles para sobrellevar cualquier adversidad,
aparecerán también puntos negros que le opacarán el panorama.
Por ello, el personal directivo del siglo XXI debe familiarizarse con las
nuevas habilidades que hoy exige la moderna gestión de las empresas. Estas
habilidades le servirán para desempeñar de manera más eficiente su trabajo y
gestionar adecuadamente los equipos, negociar con los clientes internos y
externos y proveedores, mejorando el rendimiento de su área u organización.
En este siglo, las organizaciones, y especialmente sus gerentes, no sólo
deben convivir y estar suficientemente satisfechos con los éxitos del presente,
sino seguir visualizando y planificando su visión hacia un futuro más
prometedor. Los éxitos de hoy no serán los éxitos de mañana. Las organizaciones
tendrán que estar renovándose siempre; no es suficiente formular un plan
estratégico, no siempre es la solución total, se debe tener una visión y
adecuada prospectiva del entorno.
Tomado de: www.gestiopolis.com
Autor:
José Ángel Maldonado.
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